Este pequeñín iniciará existiendo.
Abre los ojos, inhala hondo,
siente su cuerpo y exhala.
Imaginémoslo.
Obsérvalo correr a abrazar a su familia, con lágrimas en los ojos, con todo su amor.
Qué imagen tan bella: el amor, la vida.
DETENTE.
Ahora comencemos esta corta historia.
Nuestro protagonista despierta de… ¿una siesta? ¿Recuerda algo? No importa, el cielo es hermoso, las nubes parecen una fotografía en el cielo y la brisa acaricia su piel bajo la sombra de un árbol. Algunas veces, sólo es hermoso existir.
Se pone de pie, se sacude un poco, y, te observa.
Es tan pequeño, es tan lindo.
Sus ojos curiosos te miran desde la página, o tal vez lo hacen desde tu mente, pero observan directamente a los tuyos. Esta es tu imaginación, no la mía.
¿Lo saludamos?
Oh… comenzó a correr, parece tener bastante prisa. Este pequeñín es bastante rápido. Aún puedes observarlo a lo lejos. Cambiemos la escena: ahora seguimos esta persecución viéndolo justo desde frente.
Frena de golpe.
Parece que ahora intenta salir de la imagen en tu cabeza, como una pintura tratando de saltar del cuadro.
Tal vez lo logre, pero lo sigues imaginando así que sigue ahí dentro.
Curioso, ¿no? Tú lo tienes, aquí yo sólo los acompaño.
Te observa exhausto, es obvio por su rápida y entrecortada respiración.
Pero ¿qué es eso que vemos en sus ojos?
Creo que sabes qué emoción es.
Si esta no es tu primera vez por aquí, probablemente tú lo veas con alguna otra igual de intensa.
Vamos, intenta darle la mano. Tal vez puedas ayudarlo a salir.
Recomiendo que pienses en algo rápido, porque la página termina, y no importa si no quieres imaginarlo otra vez después de esta historia, pues ya lo hiciste una vez: le diste vida y estás a punto de quitársela.
¿Volverás a imaginarlo? ¿O lo dejarás atrapado en este breve limbo, solo, sabiendo que alguna vez existió?
C. Franco Navarro (7/19/2025)

