Hola. Espero que leas esta carta sin detenerte hasta llegar al final. Tenías razón; atrapar en tinta y papel todo aquello que mora en mi mente me libera, dándome espacio para entender de dónde vienen. Pero aún no resuelvo aquello que platicamos ayer bajo la sombra del encino. Tú no lo sabes, pero me gusta mucho ese lugar. Por esa razón te pregunté si era posible amar a dos personas al mismo tiempo en ese lugar.
Quise salir corriendo cuando por fin pude hacerte esa pregunta. Y tú tomaste mi mano como si lo supieras. Pusiste tus hermosos ojos marrones en los míos y tu mente se puso a analizar la trampa que te puse. El silencio que surgió después de esa puñalada por la espalda que te propiné me paralizó; no tenía ganas de llorar, pero quería hacerlo, quería contrarrestar el odio o enojo que pudieras sentir al insinuarte que compartieras lo que sientes por mí con otro hombre.
Pero tú me regalaste una sonrisa con una serenidad tan poderosa que desarmó todos los miedos que apretaban mi cuerpo en ese momento. Creía que ya sabías tu respuesta, creo que por eso tuve el valor de decirte esa barbaridad. Eres complicadamente sencillo en tu manera de pensar, y eso es lo que te define.
Tu comprendes el amor de una manera… Tu respuesta fue que sí, que sí era posible amar a dos personas al mismo tiempo, no quería esa respuesta, y no la quiero ahora. Es una respuesta que me beneficia más a mí que a ti. Eso fue lo que te dije, y tú, sin mostrar molestia, tristeza o decepción, me respondiste.
Tal vez lo más preciado que tenemos en esta vida somos nosotros mismos, porque tenemos que pertenecerle a alguien más. Hasta este momento no he podido entender esa frase, o tal vez no quiero entenderla, pero no quiero que tengas de mí poco. Quisiera pertenecerte y no puedo. Cuídate mucho y no me odies. Sé que no lo harás, y eso me confunde más.
Por Mario Meza.

