Cuando era joven, tuve que pasar una de las cosas más horribles en esta vida:
Mi madre partió de esta tierra.
Recuerdo cuando construíamos casitas de cartón.
Éramos solo ella y yo, ese gusto evolucionó cuando conocí las constelaciones.
Pues las casitas de cartón evolucionaron a cohetes hechos a mi escala, mientras mi madre enferma tomaba cada vez más turnos libres.
Empezó a pasar mucho tiempo conmigo y me contó una leyenda en donde aquellas almas que parten de este mundo, se descomponen para volverse polvo espacial.
Y entre más buena la persona, más brillaba entre los grandes astros.
Igual le doy las gracias a mis padres adoptivos.
Pues estoy a punto de ser uno de los afortunados en ser mandado al espacio.
Mis compañeros astronautas, ahora mientras flotamos dentro del cohete, están jugando, disfrutando de la gravedad cero.
¿Y yo?, yo solo observo con entusiasmo el espacio… buscándote; preocupado por no ver a mi estrella brillante.
Hasta que al observar mi reflejo… noté que estabas ahí.
Tu esencia me apretó en un cálido abrazo, mientras me daba cuenta, que aquel polvo espacial… Aquella luz más brillante que buscaba… Se encontraba en la vida de mis pupilas.
Escuché tus palabras…»Siempre estuve contigo, pero estoy muy orgullosa de que el astronauta de mamá, al fin me haya encontrado, buscando entre las estrellas”.
Iory (19/08/2025)

