Voy a relatarte un sueño

Voy a relatarte un sueño que tuve. Hace muchos años, cuando todavía era una niña. Un bosque inundado por la niebla. De esa que apenas te deja ver un par de metros enfrente de ti.

No. Mejor voy a contarte de cuando llegué a Nueva York. Había cumplido los dieciocho años y tan pronto como pude me fui de la casa de mis papás. Mi mente y corazón llenos de ilusiones porque Juliana, de quien te conté, me dijo que me amaba y que lo quería todo conmigo. A esa edad uno se permite creer esas cosas.

Pero no. Mejor te cuento cuando encontré la caja con fotos de mi papá, porque creo que los recuerdos de alguien más lo explican mejor que los míos.

Fue en esas fotos donde vi a Érica por primera vez. Había escuchado de ella como un viejo amor de mi papá del que muy pronto se había olvidado. Pero si en efecto se había olvidado de ella, ¿por qué se quedó con sus fotos?

La mente me juega bromas. Recuerdo la foto de mi papá y Érica en Líbano pero luego me acuerdo que ese viaje lo hicimos tú y yo hace dos años. Recuerdo a Érica y a mi papá viendo a los Rolling Stones, pero, de nuevo, esas fuimos tú y yo.

La niebla se cierra. Camino y me tropiezo con la banqueta. La gente ni se inmuta. Te veo pero no volteas. Si volteas me condenarías de nuevo al infierno y tu misión habría sido en vano.

-Voy a relatarte un sueño que tuve,- te dije para explicarte por qué tenía que irme. Pusiste tu mano sobre la mía y con ese gesto dejé de temblar. Las nubes se despejaron y a tu departamento entró la luz, iluminando tu pelo como la estrella de esas películas que te gustan.

Nos dimos un tiempo. Tú te fuiste a México y yo a Barceolna. En Hong Kong nos reencontramos. Te invitaron a un festival de cine y a mí a presentar un libro. Cenamos y esa noche platicamos y nos dimos cuenta de que no podíamos estar separadas. Valía la pena intentarlo otra vez.

Nos casamos. Nos mudamos a la casa de tu madre y después adoptamos a un pequeño que se convirtió en veterinario a pesar de que de niño dijo que no le gustaban los animales porque el perro de tu mamá lo mordió.

Me acuerdo de todo esto entre lágrimas y sonrisas, ahora que tengo que escoger las fotos para el velorio, mis manos arrugadas pasando de una a otra.

Voy a relatarte un sueño que tuve.

De Alberto Villaescusa

Una vieja foto para relatarte un sueño